A veces no somos conscientes de que cada tarea que realizamos en nuestra vida, deja una huella en la de los demás. Quizás  para nosotros, una simple sonrisa o un beso carezcan de importancia, pero es posible que le ilumine el día a la persona que lo recibe. Puede también que esas malas palabras o esa expresión de indiferencia que a veces nos sale sin pensar y que luego pierden importancia, haya afectado a esa persona.

Miremos hacia atrás y analicemos el camino que hemos recorrido, las huellas que vamos dejando ¿verdaderamente nos gustan?

Si nos sentimos bien, felices y satisfechos, vamos por buen camino. Pero si ese rastro que vamos dejando no nos aporta nada, aún estamos a tiempo de cambiarlo. Esas pisadas del pasado, muchas veces resultan casi imposibles borrar, pero sí que podemos colocar al lado o encima otras que nos faciliten el camino.

No hay que pensar solamente en nosotros, observemos nuestro alrededor para ver las consecuencias de nuestros actos. No vivimos solos en el mundo, estamos rodeados constantemente de familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, e incluso personas que nos acompañan día a día en el autobús, o hacen cola en el mismo supermercado. Tal vez una sonrisa y unas palabras amables, que no cuestan dinero, pueden alegrarle a alguien la mañana. Así de sencillo es aportar algo a nuestro entorno para mejorarlo… ¡Ojalá todo fuese tan fácil en la vida!

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