Creo que la vida está repleta de instantes maravillosos y prácticamente fugaces, de pequeños detalles que pueden parecer insignificantes pero que te acompañarán el resto de tu vida y te cambiarán.

 

Hay veces que no queremos verlos o que no podemos verlos pero es por eso que tenemos que ir con los ojos y el corazón bien abierto para darnos cuenta de que están ahí y no los dejemos pasar como si nunca hubieran ocurrido. No podemos dejar que la rutina nos consuma hasta tal punto que nos impida disfrutar de estas pequeñas cosas.

 

Esta claro que unos serán más intensos que otros, que unos nos marcaran más que otros, que algunos serán irrepetibles y puede que con otros nos crucemos varias veces en nuestro camino, pero todos merecen la pena. Desde el sonido de las olas, la primera gota que cae o el reflejo del sol en el agua, hasta la paciencia de quien siempre está ahí para escucharnos, ayudarnos o esa mano que encontramos cuando nos tropezamos o esa sonrisa que hace que todo lo demás cobre sentido.

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